¿Qué es el Autocontrol tomando Sintrom® o Aldocumar®?

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Desde hace más de 50 años, los fármacos más utilizados de forma crónica para evitar o disminuir la incidencia y las secuelas de la enfermedad tromboembólica son los anticoagulantes orales. El paciente anticoagulado es un paciente que, por sus características presenta un riesgo tromboembólico elevado, y por lo tanto, requiere que se retarde la coagulabilidad de su sangre de forma controlada, evitando así al mismo tiempo la aparición de complicaciones hemorrágicas.

El control de los anticoagulantes orales requiere un organigrama donde estén comprendidos los siguientes requisitos:

– Un control biológico

– Un control clínico – terapéutico

– La colaboración activa del paciente. En los últimos años se está asistiendo a un incremento vertiginoso del número de pacientes que inician un tratamiento de por vida con anticoagulantes orales sin tener en cuenta que la carencia de un control adecuado del tratamiento puede acarrear más riesgo que beneficio. Se han incrementado el número de indicaciones y se han minimizado los factores de riesgo tales como la edad, la enfermedad ulcerosa gastroduodenal y la hipertensión.

Tradicionalmente en España, el modelo de control más extendido ha sido el control en los servicios hospitalarios de hematología. Este modelo aunque garantiza una excelente calidad terapéutica y analítica, exige a los pacientes traslados y esperas prolongadas, con el consiguiente gasto en transporte y absentismo laboral, entre otros.

En los últimos años, el aumento de indicaciones de este tratamiento y el incremento en pacientes anticoagulados, principalmente en los que respecta a la fibrilación auricular, están produciendo una gran sobrecarga asistencial de las unidades de control hospitalarias, lo que ha llevado a buscar otras soluciones organizativas dispersando a los pacientes anticoagulados a los centros de atención primaria.

La periodicidad del control del paciente anticoagulado viene determinado por las características del paciente, aunque generalmente se realiza a intervalos que oscilan entre 1 y 6 semanas. Este intervalo ha sido diseñado de forma empírica:

Mayor de una semana para que la persona anticoagulada no lo sienta como que está muy enferma, menor de dos meses por la idiosincrasia de estos fármacos.

Mediante el autocontrol del tratamiento por parte del paciente, es este mismo el que a través de un coagulómetro portátil, realiza el análisis y la dosificación del fármaco en su domicilio. En este caso el paciente es supervisado y formado por unidades de anticoagulación.

La aparición en el mercado hace más de 10 años de los coagulómetros portátiles  y la posibilidad de autocontrolarse el tratamiento en casa ha modificado enormemente las expectativas del paciente anticoagulado de forma crónica porque:

– Permite un control más frecuente si es necesario,

– Proporciona mayor autonomía al paciente,

– Presenta, además, la ventaja de que el propio paciente, como principal interesado en mantener su salud, pasa a ser parte activa en el control y colabora con su médico responsable en el mantenimiento uniforme de la hipocoagulabilidad que requiere.

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